Hace 5 años atrás con mi amiga habíamos decidido ir al otro lado del rio, tal como canta Jorge Drexler. A bordo de un buque, a las 9am llegábamos a las costas de Colonia Uruguay donde nos esperaba unas muy mini vacaciones.

Llegar a una ciudad sin referencia y sin el mas mínimo conocimiento que su nombre es emocionante y hasta por momentos hace que el espíritu aventurero se sienta libre.

Con las valijas en mano no llegaríamos muy lejos y sin dinero local tampoco, así que primero resolvimos el tema del cambio Pesos Argentino/ Pesos uruguayos en la terminal del buque y ya con el primer problema resuelto salimos en búsqueda de un hotel, la idea de un hostel ni asomaba. Pasamos por la oficina de turismo, caminamos un poco y preguntando otro tanto finalmente llegamos al casco histórico. A pocos metros del muelle encontramos un hotel digno de un virrey con puertas altas, minúsculo patio y en él un aljibe que presumía su estilo colonial.

Entusiasmadas por salir a averiguar que tenia Colonia para contarnos, descubrimos que era mucho mas que un bello lugar de buena gastronomía. Nos encontramos con gente amable, dispuesta a orientar al turista perdido o al turista deseoso de conocer más.

Recorrer las calles de empedrados, sacar fotos como todo turista, elegir un restaurantes para comer, deleitarse con platos típicos del lugar y debatir sobre todo lo que nos rodea, son cosas que forman parte de la experiencia de viajar. En este caso el viaje tiene como protagonista a una amiga que también se aventuro a conocer ese lugar. Una amiga con la que uno comparte muchas otras cosas, el simple hecho de la amistad nos abre un abanico de experiencias, emociones y sentimientos que vamos construyendo y van enriqueciendo nuestros recuerdos.

El espíritu de viajero aventurero acompañado de unos de los pilares mas importantes de la vida “La amistad” se siente dichoso de tener un cómplice para contar las anécdotas que vendrán. Dentro de todas esas cosas que están implícitas sin darnos cuenta fuimos disfrutando del lugar elegido, que bien puede ser cualquier lugar “No importa el lugar, el sol es siempre igual” decía una canción por ahí.

Conocer otros turistas y abrirse al intercambio cultural sonaba mas que interesante, así fue como la misma noche (Un lunes a las 23hs) emprendimos las búsqueda del Hostel que nos recomendaron por que siempre tenia algún evento para ofrecer. Ya en la puerta del hostel no había nada de los que nos habían contado, pero a cambio nos encontramos con un grupo de chicos y chicas chilenos, un argentino, un yankee, un uruguayo y una francesa. Un poco de acá y otro poco de allá, en ese rejunte de nacionalidades hicimos un grupo en el que el idioma no fue una barrera para comunicarnos.

La serena playa de Colonia nos invito a sentarnos alrededor de la fogata e intercambiar canciones con la guitarra chilena. Entre canciones, risas y charla conocimos un poco mas de las costumbres y culturas de cada uno. También entendimos que no todos viajamos por el mismo motivo. Están quienes viajan explorar, quienes simplemente viajan para escapar de sus emociones, aquellos que viajan por placer o solo por negocios. Cada cual tiene sus motivos. En fin la mejor pregunta de la noche provino de la chica francesa que escapando de un corazón roto decidió venir hacia las costas del rio de la plata.

¿Y que otro países conocen?

Nos miramos con mi amiga y en ese silencio entendimos que nunca habíamos ido mas allá de nuestra zona de confort. Nunca habíamos ido mas allá de los lugares que frecuentábamos, algo nos estábamos perdiendo y no nos habíamos dado cuenta hasta ese momento.

Como es posible que teniendo tantos países de habla hispana cerca, no conozcan otro país” manifestó la chica francesa un poco indignada.

Y algo de razón tenia. Sin dudas esa fue la mejor pregunta que no pudieron haber hecho.

¿Que estamos esperando para viajar?